"Aprendí a disfrutar el básquet gracias a León"
A diez años de la muerte de León Najnudel, Adrián Paenza recordó a su amigo

-Lo conocí a León cuando estaba en Atlanta. Yo nací en Villa Crespo, mis padres seguían a ese club, y nuestra relación se gestó desde que éramos muy jóvenes. Desde ya, es imposible determinar una fecha exacta. -¿Cómo creció esa relación?
-Yo empecé a trabajar como periodista cuando era muy joven, en el año 1966. Él conocía a Pepe Peña, con quien trabajé en el fútbol allá por 1972. Entonces, también tuvimos contacto de esa manera. De todos modos, para mí el básquetbol era algo alejado. -¿Y cómo se empezó a relacionar con el básquetbol?
-Fue él quien me ayudó a entender un poco de qué se trataba. Yo miraba mucho lo que sucedía en aquel entonces con Atlanta y con River. Digamos que aprendí a disfrutar el básquet gracias a León. Si no hubiera sido por él, nunca se me hubiera ocurrido participar en nada relacionado con la NBA ni el básquetbol local. -¿Cuándo se hizo profundo su vínculo con Najnudel?
-Supongo que nuestra relación de amistad se hizo más sólida cuando él llegó a Ferro, porque allí empezó a trabajar con el preparador físico Luis Bonini y después llegó Carlos Griguol en 1980. Sí, en ese momento pasamos a ser muy amigos. Nos juntábamos muchas noches de la semana, viajamos... Recuerdo que me llevó a ver un partido de NBA y también que lo acompañé a Harlem, cuando iba a reclutar jugadores para Ferro.

-Lo interesante de León fue que hizo cada una de las cosas que dijo. Cuando habló de la Liga en los papeles, finalmente la puso en práctica. Cuando habló de federalizar el básquetbol, dirigió en Comodoro Rivadavia, en Cañada de Gómez, en Corrientes, en Santa Fe. La vida de León está plagada de ejemplos. -¿Cuál fue la inspiración de León?
-Decía que era importante saber qué pasaba en las mejores ligas del mundo sin intermediarios. Él viajaba y conseguía videos de la NBA cuando ni siquiera la propia NBA tenía sus videos. Compartía el material con los otros técnicos pese a que eran sus competidores. Eso para mí fue un ejemplo maravilloso. Por ejemplo, una vez lo ví discutiendo, en el gimnasio de Ferro, con Flor Meléndez antes de un partido de la final Ferro-Obras Sanitarias, por lo que había sucedido en el juego anterior. No creo que haya muchos antecedentes de ese tipo en el deporte profesional. -¿Cree que muchos de los valores que se ven en el basquetbolista argentino hayan sido producto de la enseñanza de León Najnudel?
-Ninguna cosa está unívocamente determinada. Yo creo que él no hubiera pensado que el básquetbol argentino iba a ser campeón olímpico. Eso en aquel momento era un sueño. -Profundicemos este concepto.
-No creo que sea justo apuntarlo a él como el único que influyó en lo que ocurrió en los últimos diez años, porque mucha gente ha trabajado en el básquetbol. Lo que pasa es que León se destacó porque fue un adelantado, viajaba al futuro de vez en cuando y volvía para contarnos lo que veía. Desde ese lugar fue mucho más que un director técnico de básquetbol. Fue un visionario que entendió por que camino había que ir, como una especie de jefe de estado que señala el rumbo para el resto. Por otra parte, y no es menor, tenía una ética a toda prueba. Era una persona de unas convicciones y unos principios irrenunciables. Tenía una cantidad de cualidades que lo transformaron en una persona distinta.

-No puedo decirlo con precisión, porque Argentina es un país distinto en extensión, en regiones. Supongo que tomó conceptos de las Ligas europeas cuando él estuvo allá, pero también estaba en contacto con entrenadores de las Universidades estadounidenses como Bobby Knight, John Chaney, Lou Carnesecca. Tuvo contacto con mucha gente, pero seguramente los norteamericanos le aportaron mucho porque él aprendió muchos conceptos allá también. Estados Unidos era, en ese entonces, campeón olímpico, tenía el mejor básquetbol del mundo y lo sigue teniendo, a pesar de que Argentina haya conseguido algunas cosas que no son menores, lo que ha acortado en grande la diferencia de juego entre ambos países. Pensemos que Argentina le ganó a equipos de la NBA dos veces, en los Juegos Olímpicos y en el Mundial. Hoy Argentina está en condiciones de jugar contra los mejores del mundo, pero en aquella época eso no pasaba. -¿Por qué tuvo tantas piedras en el camino Najnudel para construir la Liga? Cuando el sentó las bases muchos no estaban de acuerdo...
-No solo no estaban de acuerdo, sino que estaban en desacuerdo. Lo que sucede es que todo lo que significa federalizar en un país que es esencialmente central trae muchas consecuencias. Se tocan los intereses de un grupo de personas poderosas, y cuando esas personas se ven afectadas, reaccionan para seguir succionando los intereses de los más débiles. Siempre, cualquier idea revolucionaria, genera este tipo de reacción. -¿Cree que se lo reconoce a a diez años de su muerte?
-Siempre es más fácil hablar bien de una persona que ya murió. Aún aquellos que fueron sus detractores. De todos modos, me parece que León tiene un gran reconocimiento en Argentina, sobre todo dentro de la gente del básquetbol. Y yo estoy haciendo todo lo posible para que tenga un reconocimiento internacional. He hablado varias veces con la gente de la NBA, con David Stern (Comisionado de la NBA) para que lo tengan como candidato al Salón de la Fama, porque no tengo ninguna duda que lo merece. -¿Qué fue lo que dijo David Stern al respecto?
-Bueno, básicamente no alcanza con lo que diga él, ya que es sólo una persona más dentro del Comité de la Liga. Lo que sí puedo asegurar es que León es una persona que está siendo considerada, como así también los jugadores argentinos en la NBA han señalado la incidencia que ha tenido Najnudel en sus carreras. Hoy en día hay una consideración para León ingrese al Salón de la Fama. El hecho de que no suene descabellado ya es un gran logro.

-Es muy difícil. Una persona es tantas cosas al mismo tiempo que se me hace muy complicado sacar a la luz un único acontecimiento. Mi relación con León era casi una relación fraternal, nos divertíamos mucho, discutíamos demasiado. A él le gustaba testear a la gente para saber qué pensaba realmente y no someterla a su voluntad. Lo que se puede decir, casi una aproximación científica: elaboraba una teoría y la ponía a prueba para saber qué pensaba realmente la otra parte. Eran lecciones que tenían que ver con la vida cotidiana. León se nutría con las opiniones de los demás evitando pensar que tenía la verdad absoluta de los acontecimientos. -A diez años de la muerte de León, ¿cuáles son sus impresiones?
-Me pasan muchas cosas. El nombre de León, las historias con él, hablar acerca de él... me conmueve. Me cuesta trabajo hablar de su persona en pasado a pesar de que ya pasaron diez años de su muerte y me sorprendo muchas veces pensando dónde está el Ruso o qué diría el Ruso. Cuando nos juntamos con personas cercanas a León, como Timoteo Griguol, él siempre está presente. A pesar de que han pasado diez años, siempre estamos expectantes a que un día va a entrar por la puerta y va a estar de nuevo con nosotros, fumando, tomando whisky y discutiendo. Así siento la ausencia de alguien a quien quise mucho. Y lo sigo queriendo mientras seguimos conversando.
NOTA DE LA REDACCIÓN
Adrián Paenza nació el 9 de mayo de 1949 en la Capital Federal. Es Licenciado y Doctor en Ciencias Matemáticas, egresado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
Fue profesor adjunto regular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, entre 1979 y1986, y Profesor asociado regular entre 1986-1997.
Posee una gran trayectoria en los medios televisivos, radial y gráfico. Fue redactor de la Revista Veintiuno, entre otras, y actualmente colabora con algunas notas en Veintitrés y revista TXT. Fue co-conductor de Fútbol de Primera, conductor de Lo mejor de la NBA y columnista de Día D y Detrás de las noticias, entre otros programas relevantes.
Actualmente conduce Científicos, Industria Argentina, programa ganador del Martín Fierro 2003 en el rubro cultural-educativo.
Además, es autor de los libros Matemática...¿estás ahí?, Matemática...¿estás ahí? II y Matemática...¿estás ahí? III. La primera publicación fue en septiembre de 2005.



