En camino a la perdición...

publicado: lunes, 2 de noviembre de 2009 | Enviar a un amigo | Imprimir | Indice
por David Faitelson

Chivas no va a ninguna parte, ni siquiera a una liguilla en la que estaría obligado a asistir...

MORELIA -- En camino hacia la perdición, Chivas encontró su mañana de brujas, su Halloween y su día de muertos frente al Cerro del Quinceo... Y mientras la película de terror rojiblanca se dibujaba sobre la cancha, las tribunas entendían que la traición se paga con traición.

El Monarca le dio la vuelta, le dio toque, lo emocionó, lo sublevó y terminó convenciendo a sus propios pobladores que era tiempo de gritar por los colores de casa.

Este Morelia quiere gloria y puede soñar... Este Chivas no existe, no va a ninguna parte, ni siquiera a una liguilla que empieza a ponerse peligrosa.

EN LA ANTIGUA VALLADOLID
Antes de que la violencia irrumpiera con todo su coraje sobre las calles del país, éste era el paraíso mismo. Lo sigue siendo en sus fachadas, en su catedral, en su acueducto, en sus portales, en sus adoquines y en sus Tarascas, siempre frescas, brillantes y omnipresentes.


Revive el Color de Faitelson del partido Monarcas vs. Chivas

Es el primer sábado de noviembre del año. El sol pega fuerte sobre Madero y Morelos, la calandria atraviesa Allende, los niños presumen sus disfraces, la plaza esta adornada por las flores de cempasuchil, Don Armando, el viejo bolero, sigue ahí, el cilíndrelo de las notas tristes, el rehilete de los colores, la quinceañera y las arrugas de los viejos proponen una danza por la vida.

Las nubes reposan sobre el Quinceo y el tráfico invade el periférico de Morelia, pero el ambiente de fiesta que siempre proponen los domingos de fútbol en el Estadio Morelos está intacto. Históricamente, y con excepción de algunos visitantes, esta explanada ha sido tranquila y ha fomentado, a diferencia de otras plazas, un fútbol al estilo familiar, basado en las tradiciones del pap{a llevando a los hijos, de las parejas y de una convivencia alegre en torno a un juego.

Las tortas de carnitas, el puesto de la codorniz, los tacos de tripa.

Las máscaras, los disfraces y las leyendas sobre la camiseta.

El autobús de Chivas está llegando al estadio y sus jugadores deben saber que aquí en Morelia, como es costumbre, dividen a la fanaticada y le roban sentimiento al dueño de la tierra.

Ya antes del mediodía, el Morelos está lleno y no sólo físicamente, también emocionalmente.

¡A QUÉ JUEGA CHIVAS!
A qué juega Chivas ya no es una pregunta. Es una afirmación, pero aún así los dioses rojiblancos le envían un mensaje reconfortante: un penalti, la expulsión del portero rival y el 1-0 poco después de cumplirse la primera media hora del partido. Aquí es donde el estilo Arias confunde todos los ideales de este equipo y de esta tradición. Por naturaleza, el Guadalajara debe buscar el 2-0 y si se puede, la goleada. Por la naturaleza de Arias hay que cuidar ese marcador a ultranza.

Poco a poco, despacio, a buen ritmo, Monarcas fue desvolviendo la esperanza en su tribuna y no sólo eso, sino que fue convenciendo a aquellos michoacanos que ondeaban la bandera de Chivas como la de su corazón, que estaban equivocados. El Morelos, bajo su estilo, su formula, sus propios tiempos, empezó a empujar.

El chiflido, los tambores, las manos, la bandera, el brinco, las uñas, las gafas, la dentadura, las trompetas, las máscaras, el tatuaje, el descamisado, el chimuelo y las manos temblorosas. El Morelos ya lo entendió, al igual que los jugadores de Monarcas. El festín está en marcha...

Al final del día, fue la misma historia de siempre: el sol pegando fuerte, la tribuna tapizada de emociones, de reacciones, de recursos, de gritos y de bailes. Del otro lado, ellos agobiados, tristes, ultrajados, desilusionados.

El Morelia ya huele a liguilla y Chivas, las Chivas de Arias huelen a la perdición.

Cuando la noche cae en la antigua Valladolid, el sonido de las estudiantinas rebota por sus viejas callejuelas...